Villa de Leyva y Monguí (Boyacá), dos pueblos patrimonio para colorear

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Villa de Leyva

Sobre el Valle de Zaquencipá, territorio del altiplano cundiboyacense y lugar de asentamiento de la cultura muisca, se estableció, el 12 de Junio de 1572, la Villa de Nuestra Señora de Santa María de Leyva.

Declarada monumento nacional en 1954, esta población se caracteriza por la conservación de su arquitectura colonial. En construcción civil se destacan los edificios que circundan la plaza principal con 14.000 metros cuadrados, es considerada la plaza más grande del país, su aspecto colonial, representado en los pisos de piedra, constituye una de sus características principales. En el centro se destaca una pila tallada en piedra que siglos atrás abastecía de agua potable a los habitantes de la localidad.

El Templo Parroquial, ubicado al oriente de la plaza principal, fue construido en 1604, es una edificación de tipo barroco colonial, se conservan los retablos tallados en madera y recubierto en oro. El templo, es reconocido históricamente por albergar el I Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada en 1812, dos años después del Grito de Independencia nacional.

Se conservan iglesias, conventos y monasterios que documentan la tradición católica de sus pobladores por medio de la historia. Se presentan atractivos para todos los amantes de la ecología, la arquitectura, la historia y la religión, como tesoros arqueológicos y paleontológicos y una diversidad geográfica evidenciada en zonas de páramo y extensiones desérticas.

En Villa de Leyva también se puede visitar la casa museo capitán Antonio Ricaurte, que transporta a la época colonial, y el museo paleontológico donde se conservan abundantes vestigios de las especies que habitaron todo un mar hace 130 millones de años como Cronosaurios, amonitas, ictiosaurios, Cretácico. La reserva de Iguaque conformada por 6.750 hectáreas de páramo y bosque andino se ubica sobre los municipios de Tunja, Villa de Leyva y Arcabuco.

Entre sus festividades se destaca, el festival del Viento y las Cometas, que se realiza durante un fin de semana, en plena temporada de vientos a mediados de agosto en la plaza mayor, donde cometeros profesionales y aficionados provenientes de todo el país, se dan cita para exponer sus creaciones. El Festival de Luces del 7 y 8 de diciembre es otra gran festividad celebrada en este pueblo patrimonio desde 1986, donde miles de turistas se congregan para disfrutar de un espectáculo de luces y colores artificiales, conmemorando la Inmaculada Concepción, marcando el inicio de las fiestas decembrinas.

Monguí

Monguí, fundado en 1601, a 2800 metros de altura en un valle en el que el clima frío contrasta con la calidez de sus habitantes y la paz que produce ver, desde casi cualquier calle, las montañas que sirven como telón de fondo de todo lo que ocurre en esta villa.

Es el pueblo de los balones hechos a mano con cuero, tradición boyacense que tiene su origen en la guerra con Perú, en los años treinta, cuando uno de los soldados del ejército colombiano, Florián Ladino, oriundo de Monguí, encuentra en la frontera con Brasil un balón que trae a Colombia. Así se dio inicio a la primera empresa de balones de fútbol, convirtiéndose hoy en día en una de las principales actividades económicas de los habitantes de este lugar.

La arquitectura de este destino se caracteriza por sus edificaciones de carácter colonial, el calicanto y el blanco de sus fachadas, sin embargo una sobresale de las demás, la Basílica de Nuestra Señora de Monguí, una edificación de diversos estilos, que son los que le dan esa majestuosidad y particularidad arquitectónica. Se nota la influencia barroca en la fachada y mudéjar en las cúpulas. Fue hecha en su mayoría en sillares de piedra (Bloques), es decir que ha sido labrada y moldeada.

Monguí

Monguí es el pueblo de los balones hechos a mano con cuero.

Foto:

Ilustración realizada por Luis Eduardo Tobón para ‘Trazos viajeros’

Así mismo este pueblo, cuenta con un entorno natural con atractivos turísticos como: el Páramo de Ocetá, que se encuentra a 20 kilómetros de Monguí, donde se divisan frailejones de diversas especies: blancos, plateados, dorados y amarillos, así como venados de cola blanca, que lo convierten como dicen sus pobladores, en el páramo más lindo del planeta. Como este lugar en Monguí se puede disfrutar de otros parajes como la peña de Otí, la Laguna Negra, la caja del Rey (una roca monolítica con dicha forma, en la que, según dice la leyenda, se guardan tesoros de un rey que gobernaba la ciudad perdida), entre otros.

Para complementar la oferta de este destino, se puede degustar de la tradicional gastronomía boyacense, en donde se destacan los amasijos, platos como la mazamorra chiquita, la changua y platos a base de quinua de la región.

Monguí –que según la leyenda quiere decir “baño de la esposa”, en alusión a la riqueza hídrica y la tierra fértil del lugar– encanta, renueva, conmueve y seduce a los visitantes que llegan a este lugar.

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